En el marco actual de la edificación en España, la gestión del gas radón ha dejado de ser una recomendación para convertirse en una exigencia ineludible de salud pública. La entrada en vigor del DB-HS 6 del Código Técnico de la Edificación (CTE) obliga a los profesionales de la construcción a integrar sistemas de protección primaria y secundaria desde la fase de proyecto.

La complejidad geológica de zonas con alta exhalación granítica requiere una ejecución técnica precisa en barreras de protección, cámaras de aire ventiladas y sistemas de despresurización del terreno. Como expertos en el sector, nuestra responsabilidad es transformar la normativa en soluciones constructivas eficaces que garanticen espacios interiores saludables y libres de contaminantes naturales.

1. Fase de cimentación: Prevención estructural (obra nueva) 

  • En esta fase, el objetivo es convertir la base del edificio en una barrera estanca e impenetrable.

  • Membranas de protección frente al radón: No basta con una lámina de polietileno común. Es imperativo el uso de membranas con coeficiente de difusión al radón certificado (D < 10-11 m²/s). La continuidad y el sellado estanco de solapes y pasos de instalaciones son los puntos críticos de fallo.

  • Cámaras de aire ventiladas (sanitarios): Implementar forjados sanitarios (tipo caviti o similares) que permitan una ventilación natural o forzada. Es la solución más eficaz para romper la presión de succión del edificio sobre el terreno.

  • Sistemas de despresurización del suelo: Instalación de arquetas de succión o tubos drenantes bajo la solera antes del hormigonado. Esto permite, si las mediciones posteriores lo requieren, conectar un extractor mecánico que evacue el gas antes de que entre en contacto con la estructura.
Aplicación SIKAProof

Imagen ©SIKAProof.

2. Revitalización y reforma: Mitigación en viviendas existentes

Aquí el profesional se enfrenta a una estructura ya consolidada donde no se puede actuar bajo la cimentación de forma sencilla.


  • Sellado de vías de entrada y fisuras: Identificación y sellado con resinas epóxicas o selladores elásticos de juntas de dilatación, encuentros muro-solera y pasos de tuberías de saneamiento. Es la medida de «baja intervención» primaria.


  • Sistemas de presurización positiva: En rehabilitación, a veces la solución más viable es forzar la entrada de aire exterior filtrado para aumentar ligeramente la presión interna del inmueble (P int > P suelo), impidiendo físicamente que el radón emane del terreno.


  • Barreras de radón en paramentos horizontales: Aplicación de pinturas o revestimientos técnicos estancos al gas sobre pavimentos existentes en plantas sótano o bajas, seguidos de un nuevo acabado.


  • Ventilación mecánica controlada (VMC): Clave en la revitalización energética. Una vivienda hermética por eficiencia energética (Passivhaus o similares) es una trampa de radón si no cuenta con un sistema de ventilación que garantice las renovaciones de aire por hora (ACH) necesarias para diluir la concentración.

«La revitalización de viviendas antiguas en zonas de riesgo (Zona II -riesgo alto-) no debe centrarse solo en la estética o la eficiencia térmica; sin un estudio previo de exhalación de radón, una reforma que aumente la hermeticidad del inmueble puede multiplicar exponencialmente el riesgo para la salud de los ocupantes».

How radon gas enters a house

Imagen gentileza de Utahradon.org

3. Verificación y certificación post-obra

Una solución constructiva solo es válida si se demuestra su eficacia mediante mediciones empíricas. Para el profesional de la edificación, este paso es su garantía de calidad:

  • Protocolo de medida: No basta con una medición puntual de 24 horas. Se recomiendan detectores pasivos de trazas nucleares expuestos durante un mínimo de 3 meses (idealmente en periodos de calefacción) para obtener un promedio anual fiable (Bq/m³) realizado por laboratorios homologados.

  • Monitorización digital continua: En viviendas rehabilitadas, la instalación de sensores digitales permite al usuario visualizar en tiempo real la calidad del aire y la eficacia de los sistemas de ventilación mecánica.

  • Umbral de seguridad: El objetivo técnico debe ser siempre situar la vivienda por debajo de los 300 Bq/m³ marcados por la Directiva Europea, aunque en biohabitabilidad el objetivo óptimo es tender a niveles inferiores a 100 Bq/m³.

4. Un pacto multidisciplinar

La lucha contra el gas radón no puede recaer solo en un actor; es un desafío de salud pública que exige una alianza transversal:


  • Arquitectos y constructores: Integrar la seguridad desde el diseño inicial, eliminando los sobrecostes y la ineficiencia de los refuerzos posteriores.

  • Universidades y centros de investigación: Seguir mapeando el territorio y desarrollando materiales constructivos más estancos.

  • Administraciones y salud pública: impulsar programas de cribado/medición, guías y ayudas a la mitigación, y mensajes claros sobre el riesgo pulmonar y la necesidad de reducir exposición.

    Crear conciencia
    no es alarmar, es dotar de herramientas. Solo mediante la divulgación y la unión de todos estos sectores lograremos que la medición de radón sea tan habitual como la revisión de la caldera. Al final del día, cada milibequerel reducido es una secuela pulmonar evitada y una vida protegida.

Únete al cambio: Edificando con salud ambiental

La seguridad de un proyecto no termina en su estabilidad estructural, sino en la salud de quienes lo habitan. Si eres arquitecto, promotor o profesional de la construcción y quieres asegurar que tus obras cumplen con los más altos estándares de protección frente al radón y salud ambiental: colaboremos.

Desde Biowellness, ofrecemos consultoría técnica especializada para integrar soluciones de mitigación desde la fase de diseño o en procesos de rehabilitación compleja. Porque una vivienda saludable es la mejor garantía de calidad que puedes ofrecer.