El entorno nos enferma o nos sana

En el siglo XII, la abadesa benedictina Hildegarda de Bingen (1098-1179) escribió algo que la ciencia moderna está tardando siglos en redescubrir: el entorno en el que vivimos determina nuestra salud. Su obra Physica — tratado en nueve libros sobre las propiedades terapéuticas de plantas, piedras, animales y elementos naturales — no era solo un recetario medieval. Era una declaración de principios sobre la relación inseparable entre el ser humano y su ambiente.

Durante muchos siglos tomar los hábitos era una de las mejores opciones para las mujeres de las clases altas que quisieran tener el tiempo y los medios para pensar. Su obra abarcó desde lo espiritual hasta campos como cosmología, medicina, biología y botánica.

Las Viriditas: la fuerza que nos mantiene vivos

El concepto central de la medicina hildegardiana es la viriditas, término latino que puede traducirse como «fuerza verde» o «potencia de reverdecer». Para Hildegarda, la viriditas era la energía vital infundida por el creador en toda su extensión: el dinamismo interior que sostiene la vida, promueve la curación y mantiene el equilibrio entre cuerpo y espíritu. Esta fuerza no es abstracta: se activa cuando el ser humano vive en armonía con su entorno natural y se pierde cuando ese equilibrio se rompe, ya sea por corrupción del cuerpo o del alma.

Hildegarda fue declarada Doctora de la Iglesia en 2012 por Benedicto XVI, reconocimiento que avala la profundidad y coherencia de su pensamiento. Sus remedios a base de plantas han sido objeto de validación científica en estudios etnobotánicos contemporáneos.

El entorno como agente terapéutico o tóxico

La intuición hildegardiana cobra una dimensión nueva a la luz del biowellness, disciplina emergente que estudia cómo los agentes ambientales invisibles afectan la salud humana. Los principales factores documentados son:

Hildegarda sostenía que las enfermedades surgen cuando perdemos la armonía con los elementos. Ella hablaba de «limpiar los humores» y de cómo la tierra, el agua y el aire influyen en nuestro vigor. Hoy, gracias a la biohabitabilidad, sabemos que lo que ella llamaba «malos aires» o fuerzas terrestres desequilibrados se traduce en contaminación electromagnética, atmosférica y la calidad del agua que bebemos.

Hace 800 años, la Tierra y sus habitantes estaban libres de radiaciones electromagnéticas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Proyecto Internacional CEM han confirmado que la exposición a campos electromagnéticos produce efectos biológicos medibles — alteración de reacciones químicas, inducción de corrientes eléctricas en tejidos — que pueden resultar perjudiciales cuando superan la capacidad de compensación del organismo.

De la misma manera, la calidad del agua de los ríos y del aire que se respiraba estaba prácticamente libre de contaminantes, más allá de la inhalación del humo en los hogares. El mundo actual en su carrera por rentabilizar cualquier espacio, ha impulsado la presencia de contaminantes químicos, microbiológicos o subproductos de la desinfección en el agua de consumo, y de partículas, los compuestos orgánicos volátiles (COV) o gases en el aire interior, contribuyen a una carga tóxica acumulada que el organismo debe gestionar continuamente.

De Hildegarda de Bingen al Biowellness actual

La jerarquía angélica. Visión sexta del libro del Scivias. Códice de Wiesbaden. Facsímil de 1927.

Limpiar el entorno para que el cuerpo pueda sanar solo

La tecnología del siglo XXI ha llegado, por caminos distintos, a la misma conclusión que Hildegarda: el cuerpo humano tiene una capacidad de autorregulación y curación notable, siempre que se le retire la carga tóxica que lo agota. Los filtros de agua certificados, las mediciones de campos electromagnéticos y las soluciones para su prevención o la mejora de la ventilación interior no son tecnologías de tratamiento de enfermedades — son tecnologías de restauración del entorno para que la «viriditas hildegardiana», en términos modernos la homeostasis biológica, pueda operar sin interferencias.

Hildegarda describía que la enfermedad surge cuando se rompe la armonía entre el microcosmos humano y el macrocosmos natural. Hoy lo expresamos de otro modo: cuando la carga ambiental supera la capacidad adaptativa del organismo, aparece la disfunción. El diagnóstico, en esencia, sigue siendo el mismo que formuló la Sibila del Rin hace ochocientos años. La solución también: devolver al entorno su equilibrio para que el cuerpo recupere el suyo.

Conclusión

Entender que somos parte de un todo nos permite crear hogares que generen salud. El Biowellness es, en esencia, la actualización científica de la medicina hildegardiana: retirar los obstáculos del entorno para que la vida florezca con fuerza.

Artículo de divulgación basado en fuentes documentadas: obra original Physica de Hildegarda de Bingen; publicaciones académicas sobre viriditas (Digital Commons, CSB/SJU); documentación OMS sobre campos electromagnéticos y salud pública; y literatura científica contemporánea sobre biowellness y salud ambiental.

Imágenes: Wikipedia